bread

Barcelona se despide con un amargo sabor de boca de la Bread and Butter. Y lo hace, qué duda cabe que a cualquier Comunidad le dolería, dejando atrás lo que las mieles de los visitantes, se estima que unos 100 millones de euros, les han dejado.

A nadie ha sorprendido esta decisión de devolver al Rey lo que era suyo y así regresar a Berlín, donde este mega store de lo fashion nació. A nadie menos a los propios catalanes quienes en su afán de hacer hucha no pierden la esperanza de que algún día vuelvan los eufóricos visitantes buscando el sol de la ciudad Condal.

En fin, mucho han tenido que apretar los germanos para que el señor Hereu los haya dejado escapar y cual plañidera, me consta, volver a su consistorio en busca de nuevas fuentes de ingresos, de hecho ya hablan de una tal Barcelona Fashion Place, ….

Una muerte lenta y con perdón de la afición, muy angustiosa. Pues los pasillos, antes abarrotados de curiosos, turistas fashion y compradores, ahora suplicaban un poco de movimiento.

Aquellas avenidas con nombres alemanes, la feria parecía una pequeña isla germana donde los carrer se convertían en Strasse, apenas vislumbró nuevos aires de modernidad. La crisis decían los unos, las crisis decían los otros. Al menos esta vez, catalanes y españoles se pusieron de acuerdo.

Barcelona se ha despedido de la Bread and Water, como han denominado algunos insurgentes, con un hasta luego. Y de ese modo se concede licencias poéticas tales como las de pensar que aquellos que la descubrieron, conocieron y disfrutaron, no aguantarán el sórdido y gélido temporal alemán.